Maquiavelo como filósofo de la acción
En Maquiavelo la libertad se afirma desde el primer momento en el sentido en que enfatiza que la política es creación, arte, algo inventado, que no pertenece al terreno de lo "natural", como tienden a pensar las morales de viejo cuño. Observa el estado como quien observa un hecho cuya base es la naturaleza humana, pero que no es un hecho natural, sino un producto de la acción humana históricamente configurada: en suma, un "artificio". Por ello la política es una técnica, y se puede enseñar como tal, y no sólo esto, sino que al igual que la medicina y el derecho, es fundamentalmente experiencia. El olvido de este hecho hace que no se aprovechen suficientemente las enseñanzas de la historia.5
A su modo, Maquiavelo hace como Nietzsche, una especie de "genealogía", apartando de un plumazo consideraciones previas o ulteriores, presentándonos la realidad de modo descarnado, conminándonos a que nos centremos en la práctica, no en etéreas teorías, y señalando indirectamente contra todo naturalismo y en concordancia con este autor, que "el "progreso" o "desarrollo" de algo, de una costumbre, de un órgano, no es más que la sucesión de procesos de subyugación".6
El escándalo que produce Maquiavelo es debido a su falta de pudor al hablar de la violencia con nombre y apellidos: crímenes, venganzas, robos de patrimonio,... todos ellos son parte real de la vida política. Esto no significa ni mucho menos que Maquiavelo bendiga tales acciones. Precisamente su teoría política, estará encaminada a estudiar de qué modo esta violencia se haga innecesaria en el interior y exterior de un estado estable. Lo que le ha valido pues el anatema parece ser que es el abordar el tema en toda su crudeza, como a algunos otros y otras hablar de sexo las ha convertido en obsesas a ojos de ciertos, o hablar de la revolución en contrarrevolucionarias. Por el contrario, su política busca como evitar el crimen, como minimizar esta violencia, buscando brechas que la canalicen o enfrenten.7 En este sentido se trata de un discurso pragmático, no cínico. Es desde este enfoque que lo lee Francis Bacon, quien afirma: "mucho debemos a Maquiavelo y a otros como él que escribieron sobre lo que los hombres hacen y no sobre lo que deberían hacer", aseveración que valdría la pena tener en cuenta en el momento presente en que la filosofía política puede que esté muy imbuída de legalismo, pero en el que la práctica no es probablemente mucho mas excelsa que la de los tiempos de César Borgia.
Es este pragmatismo el que hace afirmar a Touchard que "El Príncipe no es un tratado de filosofía política, puesto que el autor no se pregunta cual es el mejor gobierno o qué es lo legítimo, ni qué es el poder o el estado en general, sino simplemente, pensando en la situación italiana: ¿cómo hacer reinar el orden, como instaurar un Estado estable?”8 Nosotros diríamos que es precisamente este talante pragmático, este atenerse a los hechos, lo que de nuevo aporta Maquiavelo a la incipiente filosofía política moderna. Talante que, por otra parte, no ha sido emulado por los filósofos políticos, que lejos de atenerse a éstos, basan todos sus análisis en consideraciones especulativas, como parece justificar Touchard.
La fuerza es fuerza y la violencia es violencia. "¿Cómo se puede exigir de la fuerza que no actúe como tal"? se pregunta Nietzsche.9 ¿Porqué la moral se reduce siempre a una mistificación de nuestra propia impotencia? La mayoría de las veces, digámoslo claramente, nos refugiamos en nuestra debilidad y la disfrazamos de eticidad o de sublimes ideales. -Los oprimidos son como corderitos, ellos mismos se identifican como buenos y puros, -advierte Nietzsche. -Fantástico! Las aves de rapiña no tienen ningún reparo en comerlos, incluso los aman, pues "no hay nada tan sabroso como un corderito tierno"-. La fuerza es fuerza y punto. Exigir que no se manifieste como tal es un contrasentido. Estas reflexiones tienen no pocas implicaciones en el análisis de la confrontación primer mundo/tercer mundo. Ojo, dice Nietzsche, nos van a comer rico si nos seguimos despistando por el terreno de las justificaciones y las legitimaciones; si seguimos contentándonos con nuestra buena conciencia de explotados, marginados, excluídos o cualquiera de las palabras al uso.
En este sentido la crítica de Nietzsche a la filosofía moderna que separa "sujeto" y "acción" no alcanzaría a Maquiavelo. Lo único que existe es la acción. El imaginar que hay un sustrato por debajo de esta acción es un artificio del lenguaje10. La acción lo es todo, como es lo mismo el rayo y su resplandor. Y si es así, nada más alejado de las tesis contractualistas que Maquiavelo y Nietzsche. Estas se basan en la teoría del sujeto, que otorgan una libertad, un "libre albedrío" en que serían iguales todos los hombres. Nietzsche tilda de "fanática" la concepción contractualista del origen del estado. La fuerza, no la razón funda el "sentido", la fuerza es creadora, lo otro, el contrato, es ejemplo de otra corriente de la mentalidad moderna, para quien el canon moral es la compra venta: "todo tiene su precio, todo puede pagarse".11 Este es para Nietzsche el canon más antiguo y más ingenuo de justicia, "el inicio de cualquier "bondad", de cualquier "equidad", de cualquier "buena voluntad", de cualquier "objetividad" en la tierra (...) la justicia es la buena voluntad entre quienes son aproximadamente igual de poderosos".12

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